Hay algunas canciones que trascienden incluso a sus propios autores. Canciones capaces de ser cantadas en varios idiomas, por muchos cantantes, interpretadas de forma instrumental, de una y mil maneras y seguir siendo las mismas, más allá del tiempo y los géneros musicales.
Hay también compositores que trascienden el género al que pertenecen y se insertan en el gusto popular de un continente y más allá. Compositores tan auténticos que dejan de pertenecer a un estilo musical y crean el propio, que luego es seguido por muchos como forma de exaltar su genialidad.
A mis siete años, a principios de los 80s, poco podría haberme imaginado el larguísimo viaje que me llevaría, a saltos, por entre cantantes, estilos y versiones de una misma canción. Sin embargo, a esa corta edad una canción logró cautivar mi atención con su rítmica particular y cadencia pegajosa, desconocida para mí hasta ese entonces.
