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22 de octubre de 2015

Eres... una dulce nostalgia

Colegiala con bolso al hombro (foto en blanco y negro
De vez en cuando, una canción se asoma por el rabillo de la puerta para espiarnos. Algunas veces sólo pasa por el hilo musical, sin dejarnos más que el gusto de recordarla y, en ocasiones, cantarla bajito. Otras veces, nos atrapa y nos convierte en protagonistas de su historia

Una mañana de domingo, sentado en el sofá de la sala frente al televisor, interesado en conocer los video clips de las canciones del momento, mi atención se fijó sobre la pantalla cuando una imagen, a blanco y negro, me mostró el corredor de un colegio de secundaria, en el que aparecen varios estudiantes uniformados: algunos conversan en pequeños grupos, otros simplemente transitan hacia otras partes y uno de ellos, sentado al pie de una escalera que da a un segundo piso, sigue con la mirada a una compañera de clases, por quien se siente atraído. Mi memoria se disparó, y volvió a mí el recuerdo de aquella bonita e inalcanzable colegiala, de los años de mi tímida adolescencia.

Alejandra descendía desde el segundo piso, por la escalera del patio trasero del colegio, a la hora del recreo, cuando, sin haberlo pretendido, mis ojos se fijaron en ella. Tendría... ¿quince..., dieciséis años? Era delgada, como de un metro sesenta, tenía el cabello liso y largo –a media espalda–, piel morena clara y un par de ojos negros cautivantes. Nos habíamos cruzado muchas veces por el pasillo, entre los salones de clases, pero nunca me había fijado en ella más que para decir un tímido “hola”, tan de cortesía entre adolescentes, o esquivarla y seguir mi camino.

14 de enero de 2013

Las flores

Arreglo floran en tonos de arcoíris
Hay algunos que dicen que se puede conquistar a una mujer con una delicada caja llena de chocolates. Otros, un tanto más románticos, aseguran que dedicarle una canción específica a la dama de sus sueños asegura el objetivo. Y todavía hay los románticos, chapados a la antigua, quienes declaran sus ilusiones, desvelos y deseos obsequiando a la dueña de su vida un elegante ramo de flores.

Yo, aún hoy, a mis treinta y siete años, no sé cuál de todos los métodos y formas de conquistar a una mujer sea el más efectivo, mas sí tengo claro que, dependiendo de la circunstancia y los gustos de cada dama, un ramo de flores puede regalarnos el favor de una dulce mirada.