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27 de abril de 2014

La Gloria de un gol

Balón de Fútbol
Aquella mañana un cielo nublado saludó a la ciudad con ese reflejo opaco y grisáceo propio de los días en los que nada puede salir bien, pero que de igual manera suceden. Yo, por alguna extraña razón, me sentía con ánimos de todo, sentía que aquél podría ser un buen día, pese a tener que ir al colegio.

A las diez de la mañana el timbre que anunciaba la hora del recreo sonó y todos los estudiantes salimos en estampida de los salones de clases a una mañana para entonces soleada. La hora había llegado; dos lentas y desesperantes horas habían pasado entre operaciones fraccionarias, la vida del gran explorador Marco Polo y los objetos directos e indirectos, el circunstancial y alguna otra cosa horrorosa de esas que componen una oración.

25 de julio de 2013

Esa llamada

La tarde tomaba matices anaranjados, rosados, violetas, que entraban por la ventana y se reflejaban en el rostro de Fernando. La altitud de la ciudad y el viento frío que recorre las calles los primeros meses del año pusieron la temperatura en 18°C. Dentro del café el ambiente (23 ° C) invitaba a quedarse. Una música suave (baladas en inglés y español) se escuchaba a través de los cuatro altavoces distribuidos por el lugar.

-¡Aún no lo entiendo, te lo juro que no lo entiendo! ¡Me habló a la casa sólo para decirme eso! -decía dolorosamente Fernando, mientras movía la cabeza de un lado al otro, sentado ante la mesita colocada al pie de la ventana del Café Capri, frente a Juan, su compañero de universidad y amigo de la infancia, sujetando la taza del café con las dos manos, como queriendo evitar que se le escapara como se le escapó Ximena, al otro lado del teléfono, una semana atrás.

13 de junio de 2013

Desde "En el 2000" hasta hoy

2000 y pirotecnia
Dispuesto a darle batalla al aburrimiento me senté frente al equipo de sonido que tenía en mi habitación. Presioné el botón de encendido y la pequeña pantalla de puntos blancos y rojos me saludó al tiempo que el sonido de una canción de ánimo fiestero, medio escandaloso, se dejó escuchar por las bocinas.

Mi ánimo inicial disparó los dedos hacia el botón que me llevó a la siguiente emisora, de un corte más tranquilo (baladas de los 70s y 80s en español), que tampoco entraban del todo en mi ansioso deseo por escuchar algo fresco, más entretenido.

Una nueva emisora reproducía canciones de corte juvenil, algo más apropiado para escuchar una mañana de sábado en la que, no teniendo mejor cosa que hacer, ni ánimo para inventar, me encontraba solo en casa, preso de mi mismo, cambiando una tras otra las emisoras en el dial.