A veces la vida nos da la más fabulosa de las oportunidades: presenciar la magia que despliega, sobre un escenario, un alma sublime. A veces, esa magia nos envuelve y, sin darnos cuenta, nos involucra en sus artificios. A veces, un alma vecina es capaz de rebalsarnos por completo y complementar nuestro ser.
El incesante ring ring del teléfono de casa dejó de sonar en cuanto levanté el auricular. Su voz al otro lado se escuchaba emocionada. No me dijo sino: “Escuchalo, esto es maravilloso”.
Al otro lado del teléfono se escuchaba la emoción que producía, en el público asistente, reconocer desde los primeros acordes en el piano, una canción. Yo también la reconocí en seguida.