Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas

2 de septiembre de 2013

El baile prohibido

Tres parejas bailando lambada
Nada ha despertado en la humanidad más interés que lo que le está prohibido hacer, decir, cantar e incluso bailar. En su subconsciente habita ese temible otro yo (ese Mr. Hyde que lleva dentro), capaz de llevarle a transgredir sus propias reglas.

Basta con que algo nos sea prohibido para que se nos despierte el gusanito de la curiosidad, del deseo de tenerlo o hacerlo, es como un reto a nuestra condición de seres vivos, de animales racionales, pero de instintos animales al fin.

En 1989 un ritmo nuevo se coló en el gusto de la mayoría de quienes habitamos este planeta. Una vez más, un país (Brasil) nos regalaba una nueva rítmica, una nueva forma de danzar, de disfrutar la vida. La humanidad completa se contagió de aquél virus de la danza brasileña.

9 de agosto de 2012

Homenaje al Cantor de los Llanos

Ganado pastando
Hay algunas canciones que trascienden incluso a sus propios autores. Canciones capaces de ser cantadas en varios idiomas, por muchos cantantes, interpretadas de forma instrumental, de una y mil maneras y seguir siendo las mismas, más allá del tiempo y los géneros musicales.

Hay también compositores que trascienden el género al que pertenecen y se insertan en el gusto popular de un continente y más allá. Compositores tan auténticos que dejan de pertenecer a un estilo musical y crean el propio, que luego es seguido por muchos como forma de exaltar su genialidad.

A mis siete años, a principios de los 80s, poco podría haberme imaginado el larguísimo viaje que me llevaría, a saltos, por entre cantantes, estilos y versiones de una misma canción. Sin embargo, a esa corta edad una canción logró cautivar mi atención con su rítmica particular y cadencia pegajosa, desconocida para mí hasta ese entonces.

26 de febrero de 2012

Gesubambino

Gracias al hambre de los viernes por la noche, y a mi voraz apetito carnívoro conocí a Hugo, el parrillero de El Breve Espacio, un pequeño restaurante bar de la colonia 1º de Julio, lugar donde viví mis últimos quince años en Guatemala, y gracias a eso descubrí nuestra común afición por las canciones de sentido social y testimonial, conocidas comúnmente como canciones de protesta (La Nueva Trova.

Gracias a Hugo, los churrascos y las canciones conocí a Tito, el dueño de ese peculiar espacio de bohemia local al que concurría y aún concurre, aunque con menor frecuencia, un particular grupo de individuos de ideas progresistas, bohemios amantes de los versos de Neruda y Sabines, y de la jarana en todas sus formas, y hasta uno que otro cantante imitador a medias de Silvio Rodríguez, León Gieco o Eduardo Franco, vocalista de Los Iracundos. Entre estos últimos me contaba yo, conformando entre todos una suerte de clan, a modo de “La Crema Innata de la Intelectualidad Local”.