Para la imaginación de un niño de siete años cualquier objeto puede convertirse en algo que no es; una escoba bien puede ser la guitarra eléctrica de una súper estrella del rock, un bate de baseball, una súper pistola de rayos laser y, el plato de la comida del perro, la nave espacial de un extraterrestre, o bien, el birrete de gala de un soldado para un desfile.
A mis siete años un juguete se convirtió en toda una obsesión: quería tener uno, como cualquier niño de mi edad, y no se trataba de algún aparato capaz de autotransformarse en tres o cuatro cosas fabulosas y distintas a la vez, era tan solo un sencillo plato redondo plástico, que había que hacer girar sobre la punta de una varilla del mismo material.
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18 de agosto de 2013
25 de julio de 2013
Esa llamada
La tarde tomaba matices anaranjados, rosados, violetas, que entraban por la ventana y se reflejaban en el rostro de Fernando. La altitud de la ciudad y el viento frío que recorre las calles los primeros meses del año pusieron la temperatura en 18°C. Dentro del café el ambiente (23 ° C) invitaba a quedarse. Una música suave (baladas en inglés y español) se escuchaba a través de los cuatro altavoces distribuidos por el lugar.
-¡Aún no lo entiendo, te lo juro que no lo entiendo! ¡Me habló a la casa sólo para decirme eso! -decía dolorosamente Fernando, mientras movía la cabeza de un lado al otro, sentado ante la mesita colocada al pie de la ventana del Café Capri, frente a Juan, su compañero de universidad y amigo de la infancia, sujetando la taza del café con las dos manos, como queriendo evitar que se le escapara como se le escapó Ximena, al otro lado del teléfono, una semana atrás.
-¡Aún no lo entiendo, te lo juro que no lo entiendo! ¡Me habló a la casa sólo para decirme eso! -decía dolorosamente Fernando, mientras movía la cabeza de un lado al otro, sentado ante la mesita colocada al pie de la ventana del Café Capri, frente a Juan, su compañero de universidad y amigo de la infancia, sujetando la taza del café con las dos manos, como queriendo evitar que se le escapara como se le escapó Ximena, al otro lado del teléfono, una semana atrás.
14 de febrero de 2013
Del amor más puro
El destino, que a veces nos juega malas pasadas, también nos regala la fortuna de encontrarnos frente a frente. Dos desconocidos que sin intensiones de buscarse se encuentran en la calle, en cualquier calle, en un café, frente al mar o en un salón de clases, para no separarse nunca más.
El amor, que todo lo sabe, pero que así como lo sabe todo, también se lo reserva, nos va enredando entre sus hilos, y manejándonos como marionetas cuando por fin nos dejamos llevar por él.
Hay destinos y amores que superan lo imaginado, lo establecido. Amores que desde su candidez y simple naturalidad desafían los cánones y nos impactan, nos marcan de tal manera que apenas podemos intentar imitarlos.
El amor, que todo lo sabe, pero que así como lo sabe todo, también se lo reserva, nos va enredando entre sus hilos, y manejándonos como marionetas cuando por fin nos dejamos llevar por él.
Hay destinos y amores que superan lo imaginado, lo establecido. Amores que desde su candidez y simple naturalidad desafían los cánones y nos impactan, nos marcan de tal manera que apenas podemos intentar imitarlos.
18 de junio de 2012
Músico, poeta y loco
Bohemio y soñador al fin, desde muy joven me sentí atraído por las historias que la noche depara para los aventureros, enamorados, poetas y locos capaces de conquistar, lo mismo a la más pomposa de las damas aristocráticas como a la menos recatada y despreocupada de las mujeres de un burdel, armados con tan solo un par de versos en la voz.
Una tarde me dio por soñar...
Él, un trovador errante, propio de su tiempo. Ella, la dueña del bar de un pequeño pueblo a las orillas del mar, pueblo al que fue a parar en su errancia el trovador una noche de tantas por causa de su oficio.
El calor sofocante del verano, la sal de la mar que lo inunda todo, resecando el paladar, y el deseo de una buena copa los puso frente a frente. Él cantó para ella las historias de sus andanzas por tierras lejanas y misteriosas. Ella lo obsequió con su mirada felina y el libar más apetecible, el licor de su existencia. Las callejuelas, las farolas y la luna los vieron caminar con rumbo norte. Se amaron con locura toda la noche. La luna, que se coló por la ventana de la alcoba, los encontró abrazados hasta el alba.
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Rocío Dúrcal
17 de mayo de 2012
Prestigio 9-40
Una soleada mañana de junio de 1987, alrededor de las 9:00, los alumnos y maestros de Tercero, Cuarto, Quinto y Sexto grado de la Escuela para Niños Ciegos Santa Lucía de la ciudad de Guatemala nos trasladábamos al centro de la ciudad para hacer un recorrido educativo por el Palacio Nacional (hoy denominado Palacio Nacional de la Cultura), para conocer su historia, sus salones y algunos datos curiosos sobre su construcción y los personajes que por ese recinto patrio han transitado.
Durante el camino Julio, Joaquín, Rolando, Byron y yo escuchábamos el pequeño radio a transistores de Rolando. Teníamos nuestras emisoras favoritas según la hora del día. Aunque normalmente a esa hora estábamos en clase, solíamos escuchar a la hora del recreo, las 10:15, La voz del hogar en el 940 AM, una radio de corte adulto contemporáneo, en la que sonaban muchos de los grandes baladistas de habla hispana de los 70s y 80s.
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Joan Manuel Serrat
28 de marzo de 2012
Un romántico empedernido
A finales del año 1983 mi casa estaba invadida por una ráfaga de aires nostálgicos, melancólicos, románticos, de esperanza, de libertad que podían ponerle la piel de gallina a cualquiera, inclusive a los hombres de corazón de piedra.
En la radio se escuchaban canciones que invitaban a pensar en jardines, arco-iris, princesas vestidas de tul, juguetes multicolores, en el amor en todas sus formas, y, a veces, en alguno que otro hombre gris y taciturno.
Con tan solo ocho años no me resultaba fácil apreciar tantos matices, tantas formas diversas, y sin embargo comprendía las tonalidades primarias y jugaba a descomponerlas tratando así de simular lo que percibía a mi alrededor.
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José Luis Perales
20 de enero de 2012
Postal de Madrid
El autobús del recorrido turístico se detuvo por el semáforo en rojo. La voz pregrabada, que podíamos escuchar a través de los audífonos describiendo los lugares y la historia por donde transitábamos, hizo una pausa; entonces la pude ver, al centro de una glorieta a la que los vehículos rodeaban en semicírculo para continuar su camino. El semáforo cambió a verde y el autobús reinició la marcha.
Yo estaba sentado en la hilera de asientos de la izquierda, hacia el lado de la ventana del segundo piso del autobús rojo, un segundo piso sin techo, para que los turistas puedan admirar sin obstrucciones los lugares por donde éste transita. El sol de las 11 de la mañana de ese domingo de mayo me daba de frente, por eso no pude ver bien la estructura de piedra, mas cuando comenzamos a girar hacia la izquierda y el sol fue quedando sobre mi lado derecho y por último a mis espaldas la observé por completo, estaba frente a ella, como muchísimos otros lo han estado a lo largo de una buena parte de la historia de Madrid.
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Víctor Manuel
7 de diciembre de 2011
Historia de diablos
Poco antes de las seis de la tarde del 7 de diciembre todo transcurría con normalidad en las calles y los barrios de la ciudad. Algunos niños jugaban el final de la chamusca de la tarde bajo la consigna de “el último gol gana”, otros veían en la televisión a sus personajes favoritos en escenas navideñas y unos pocos se conformaban con ver caer la tarde desde sus ventanas, entre estos yo. No parecía haber ningún indicio de lo que sucedería cuando las agujas del reloj se alineasen verticalmente, como partiéndolo por la mitad, indicando las seis en punto, la hora pactada.
Cuando los campanarios de las iglesias llamaron a misa dieron también el aviso de la hora convenida por todos, en secreto a voces, y los fuegos comenzaron a arder en las calles, frente a las casas, en las esquinas de los parques, en todas partes, en los pequeños pueblos y en las ciudades también.
Los niños corríamos y saltábamos alrededor de las llamas, los adultos alimentaban el fuego con lo que habían reunido para la ocasión y el país entero terminaba por tomar una luminosidad naranja que a la vista de quien sobrevolara el territorio guatemalteco parecería un incendio de proporciones inimaginables. ¡Una nación entera presa de las llamas! ¡Había iniciado la tradicional fiesta de La Quema del Diablo!
13 de noviembre de 2011
Despedida a dos voces en Clave de Sol
Estaba sentado en clase de canto en el Instituto Angélica Rosa, escuchando y viendo lo que hacían mis compañeros, cumpliendo con la asignatura del día, ya no recuerdo cual era. Comenzó a sonar una tonada acústica, piano, guitarra y violín, un tanto melancólica, dos voces comenzaron a cantar al unísono, dos chicas de mi grupo, Marcia de 13 y Lucía de 15. La canción era una declaración franca y abierta de un adiós, que nadie quiere escuchar, dicho e interpretado con tal tacto que por un momento yo pensé y sentí como si me lo dijesen a mí.
Marcia llevaba la voz grave, la que me hizo preso; Lucía, la voz aguda, la que me partió en dos. Sus miradas no se dirigían a mí, pero no hacía falta, la intención bastaba.
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