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9 de diciembre de 2013

Alma gemela

Niños sentados sobre una peinadora
Todos tenemos un alma gemela, y no nos importa de donde venga: si llegó antes o después que nosotros a esta vida, si es grande o pequeña, si comparte o no nuestros sueños, lo único que nos importa es que está ahí, a nuestro lado, y que el día que su existencia tome el tren de la eternidad una mitad de nosotros mismos se irá con ella.

Aunque él nació en 1973 y yo dos años más tarde ¡quién podría decir que no nos conocíamos de siempre, desde el principio de los tiempos? Cuando niños jugábamos a reinventar el mundo. Él, un excéntrico hombre de negocios, dueño de su propio zoológico; yo, su mejor amigo y a la vez el cuidador de sus mascotas . Él, una estrella de Rock; yo, su manager, músico o fan. Él, un gran astronauta; yo, su compañero de aventuras o la nave espacial (ya no recuerdo cual de los dos).

Para mí él siempre fue una especie de maestro que me enseñaba de todo en los primeros años de la vida, como las coreografías de las canciones de Los Chicos de Puerto Rico, los personajes de las series de televisión o a imitar a los luchadores de la WWF. Para él yo fui ese ser un tanto más pequeño al que debió proteger en alguna ocasión, y del que debió cuidarse en otra, inclusive fui el objeto de sus experimentos de resistencia física o mental, que terminó un poco más loco que él mismo.

3 de noviembre de 2011

En concierto

Concierto (luces azules iluminan al público)
Poco después de las 8:30 de la noche del 13 de marzo de 1993, las luces y pantallas del escenario montado en el ruedo de la antigua Plaza de Toros La Aurora, hoy conocido como el Domo de la zona 13, se apagaron y la expectación se apoderó del lugar por unos segundos. Luego, la música empezó a sonar y la emoción del público con ella. Yo no podía creer que estuviera ahí, ocho horas antes aún no tenía entrada para el concierto, y lo peor es que prácticamente estaban agotadas. Logré hacerme de una gracias a algo parecido a un milagro, cuando Tonito, mi primo, le preguntó al dependiente del Súper 24 del boulevard liberación si aún tenía entradas, aquél le respondió que no, y el chico delante de nosotros en la fila se volteó y dijo, yo tengo una que me sobra, ¡te la vendo!.

Un ritmo pegajoso, una mezcla de reggae, pop y rock inundó el lugar, invitaba a bailar, a cantar, a saltar, a dejarse la vida por disfrutar dos horas de el show de una de las bandas más importantes del rock en español de toda la historia.