Con tan solo 10 años, en 1985, conocí la nostalgia. Se me presentó de frente,
desnuda, aunque de forma un tanto confusa para mi edad, y sin embargo no me
desagradó. Sonaba en la radio constantemente, parecía inundar el dial, con su
tonada melancólica y tierna a la vez.
Las primeras veces no supe identificar que eran tres voces distintas las que
cantaban, y no fue sino hasta que una tarde, por pura casualidad, cambiando
los canales en el televisor escuché la tonada y las vi: eran jóvenes, de
rostros dulces. Una de ellas aparecía en escena entrando a la oficina de un
ejecutivo, a quien le entregaba una copia del disco donde se incluía la
canción. Él la vio un tanto sorprendido y cuando intentó hablarle ella decidió
irse, con la mirada llena de nostalgia.