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21 de febrero de 2012

Handy, baila Handy

Amaba la música, el ritmo, la fiesta. Una salsa, un merengue, un reggae, un batir de palmas, un silbido, un golpeteo rítmico de la cucharita contra la tasa del café eran suficientes para que su ánimo bailarín se despertara y comenzara la alegría.

Era pequeña, más que sus hermanos; por eso no la querían en su casa natal. Pero como siempre sucede en estos casos, un día un ángel compasivo se apiadó de ella y la llevó a otro lugar. Mi hermano la bautizó con el nombre de Handy (a modo de diminutivo de HANDYCAM), porque cuando llegó a casa podíamos cargarla en una mano.

Lomo de manto negro, hocico alargado, orejas en punta, patas de pelaje amarillo, una Pastor Alemán en toda regla, de un muy alto pedigrí, pero enana, no por raza, discapacidad podríamos llamarla, mas lo cierto es que inundaba la casa con su alegría. Vernos llegar era todo un festín, corría, saltaba.