9 de julio de 2013

I teach you spanish

Pizarrón verde con texto de lección de español
Una vez en la vida, todos llegamos a ser maestros de alguien. Las más de las veces sin siquiera proponérnoslo, al menos inicialmente. Sucede así, nada más, espontáneamente. Yo, por una noche, fui profesor de español en Washington DC.

A las cuatro de la tarde de un frío sábado de noviembre de 2004 estaba en la pequeña salita que hacía las veces de estudio en casa de la tía Iris, en Springfield, Virginia, al sur oeste de Washington DC, sentado frente a mi computadora portátil, revisando el correo electrónico, esperanzado en encontrar un nuevo mensaje que me diera algún dato de última hora acerca de la conferencia sobre discapacidad a la que asistiría la semana siguiente, en la sede del Banco Mundial, razón por la que me encontraba, esos días, en Estados Unidos.

13 de junio de 2013

Desde "En el 2000" hasta hoy

2000 y pirotecnia
Dispuesto a darle batalla al aburrimiento me senté frente al equipo de sonido que tenía en mi habitación. Presioné el botón de encendido y la pequeña pantalla de puntos blancos y rojos me saludó al tiempo que el sonido de una canción de ánimo fiestero, medio escandaloso, se dejó escuchar por las bocinas.

Mi ánimo inicial disparó los dedos hacia el botón que me llevó a la siguiente emisora, de un corte más tranquilo (baladas de los 70s y 80s en español), que tampoco entraban del todo en mi ansioso deseo por escuchar algo fresco, más entretenido.

Una nueva emisora reproducía canciones de corte juvenil, algo más apropiado para escuchar una mañana de sábado en la que, no teniendo mejor cosa que hacer, ni ánimo para inventar, me encontraba solo en casa, preso de mi mismo, cambiando una tras otra las emisoras en el dial.

22 de mayo de 2013

Un amigo en común

Facundo Cabral
Adriana me dijo: “Si lo quieres yo te lo regalo”. La ilusión se dibujó en mi rostro y, luego de pensarlo por un instante, acepté la propuesta. Salimos del Salón Obelisco de la Feria del Libro de Chacao, en Caracas, y nos dirigimos al stand de Editorial ALFA. Yo quise tenerlo desde que lo vi unos días antes, cuando hicimos un somero recorrido por la mayoría de stands de la feria y lo descubrí gracias a un poster que mostraba la carátula del libro: una fotografía a blanco y negro, en la que aparece sentado, con su guitarra y, sobre ésta, una franja roja en la parte superior donde podía leerse:
Facundo Cabral
Crónica de sus últimos días
Percy LLanos y Gabriela Llanos
Luego de pagar el importe tomé el libro entre mis manos y me dirigí al pequeño espacio habilitado para la firma de autógrafos de los autores. Percy estaba de espaldas a mí, por eso no me vio llegar. Se colocaba la chaqueta en actitud de retirarse del lugar. Advirtiendo su intensión, le hablé, le pregunté si podía firmar mi libro antes de marcharse.

24 de abril de 2013

Un Callejero

Perro callejero acostado en el asfalto
Llegó sin decir nada, sin pedir nada. Sin ropa, sin casa, con todo el hambre del mundo adherido a su esqueleto. Nadie le habló, nadie le preguntó nada, nadie quiso en un principio ofrecerle nada, pero él igual se quedó a vivir entre nosotros.

Tendría talvez cinco años..., no lo sé..., nunca lo sabré..., no es fácil saberlo. En sus ojos se advertía el paso de un mundo ingrato al que le tocó venir por la triste suerte de ser un callejero, la única herencia que recibió de sus padres.

Al ver su aspecto ruinoso, de vagabundo, todos lo veíamos con recelo, con temor, con angustia. “Hay que tener cuidado al pasarle cerca, no vaya a ser que un día de estos nos quiera hacer algo. Mire nada más cómo nos gruñe de lejos”, decían los vecinos cuando, cruzándose por la calle, luego de saludarse, lo veían de reojo.

6 de abril de 2013

Tres amigos y una canción

A veces la vida nos da la más fabulosa de las oportunidades: presenciar la magia que despliega, sobre un escenario, un alma sublime. A veces, esa magia nos envuelve y, sin darnos cuenta, nos involucra en sus artificios. A veces, un alma vecina es capaz de rebalsarnos por completo y complementar nuestro ser.

El incesante ring ring del teléfono de casa dejó de sonar en cuanto levanté el auricular. Su voz al otro lado se escuchaba emocionada. No me dijo sino: “Escuchalo, esto es maravilloso”.

Al otro lado del teléfono se escuchaba la emoción que producía, en el público asistente, reconocer desde los primeros acordes en el piano, una canción. Yo también la reconocí en seguida.

24 de marzo de 2013

Cantar y cantar

Dibujo de siluetas de cuatro amigos cantando
La gente suele decir que para cantar sólo hace falta tener ganas, un buen motivo y un buen amigo, o grupo de amigos, con quienes compartir ese momento, porque cantar con alguien más es convertir varias voces en una sola voz para expresar lo que se siente, al unísono.

Los amigos son esos seres que, sin pretenderlo, se van involucrando con nosotros por la simple necesidad humana de dar, de dar sin esperar nada a cambio; y los amigos que cantan con nosotros son, entre todos los amigos, los que comparten el mismo deseo de gritar a los cuatro vientos ¡somos iguales, somos uno!

4 de marzo de 2013

Louis

Rótulo de TAXI
Guitarra en mano, paso decidido, mirada de vencedor y un sueño en el alma repetido más de cien veces, lo hacían notarse entre los demás peatones que pasaban a su lado, esquivándolo, en la ruidosa Calzada Roosevelt de la ciudad de Guatemala; aunque poco importaba pues nadie advertía su presencia, como no fuera para esquivarlo.

Llegó a la esquina y entró a un estacionamiento, caminó unos metros y se detuvo frente a un sedán blanco. Abrió la portezuela del conductor y se introdujo en el vehículo. Colocó la guitarra en el asiento del copiloto, introdujo la llave en la ignición, girándola encendió el motor y se puso en marcha.

Pasó frente a la misma acera en la que caminara momentos antes, ahora dentro del automóvil, que parecía darle otra dimensión, una curiosa notoriedad, que lo convertía en una especie de salvavidas de peatones apurados.